Madre Tierra

Hoy más que nunca entendemos que somos parte de la Tierra. Vista desde el espacio sideral y en comparación con nuestro Sol, se trata de un astro más bien pequeño.

Nuestro planeta es un punto solitario en la gran oscuridad cósmica envolvente.
Carl Sagan

Aunque es un astro pequeño, nosotros somos incluso más diminutos. Un ser humano adulto se pierde en la vasta geografía de nuestro planeta, al punto que todos los seres humanos vivos en la actualidad, por más que nos parezcan mucho, podrían reunirse y estar de pie todos en una pequeña isla en medio del Océano Pacífico.

Cuando hablamos de sobrepoblación, por lo general se tienen ideas erróneas en cuanto al espacio. Pensamos que sobrepoblación implica que todo el espacio del planeta estaría lleno de gente. Pero no. La sobrepoblación implica algo más complejo: primero, debemos reconocer que somos criaturas muy diminutas y, por más población que exista, no podremos llenar todo el planeta. Pero sí ponemos en peligro los ecosistemas, los recursos naturales y a nuestra propia existencia.

En la antigüedad, toda la gente vivía en su mayoría en el campo, en las selvas o en los desiertos y las ciudades eran en realidad muy pequeñas. A nuestros ojos contemporáneos, eran más bien aldeas o villas grandes. La gente que vivía en el campo, selvas o desiertos, vivía en armonía con la naturaleza de una manera más o menos positiva.

En la actualidad, la mayoría de las personas de la Tierra viven en ciudades. Se estima que hacia finales del siglo XXI, casi toda la humanidad vivirá en ciudades, si seguimos como vamos. Para algunas personas eso podría ser una perfecta solución: vivir en ciudades y dejar el campo, las selvas, desiertos, islas solitarias, para que la naturaleza se reproduzca a su amaño.

Pero eso no es cierto. Las ciudades contemporáneas no son como las de nuestros ancestros. Estas ciudades de hoy son inmensos dragones de consumo. El consumo excesivo e innecesario es un mal actual. Se consume no sólo lo necesario, sino también lo innecesario bajo el dogma moderna del bienestar, el confort y un desarrollo que es más destructivo que constructivo. Las ciudades modernas se comen literalmente al campo que las rodea, avanza hasta las selvas, desiertos y océanos y lo destruye todo.

Por eso, aunque seamos tan pequeños y quepamos todos en una isla en el Pacífico, en realidad somos como una multitudinaria colonia de hormigas diminutas, miles de millones de ellas, que están todas sobre una tajada de pan, la cual se encuentra en medio del océano. En lugar de cuidar la tajada de pan sobre la que estamos y dirigirla a tierra firma… ¡NO LA ESTAMOS COMIENDO!

Nuestros ancestros griegos, si vieran lo que estamos haciendo, concluirían que somos una colección de bárbaros sin razón ni lógica. Dominamos el ingenio de grandes tecnologías, pero destruimos la esencia misma de la vida.

Podemos sentarnos a acusar al gobierno de cómo van mal las cosas, aunque seamos nosotros mismos los que cada periodo electoral elegimos a los mismos malos líderes y nos dejamos engañar por los mismos malos discursos. Podemos culpar de todo al vecino, a la escuela, a los medios de comunicación… podemos seguir haciéndolo, aunque nos sentemos en el confort de nuestro hogar a ver los mismos mensajes subliminales que nos siguen vendiendo los esplendores de una vida moderna, con casas de cemento lejanas de las selvas, con naturaleza controlada y casi sin vida, mientras consumimos plástico sin importarnos nada, mientras compramos carne de animales sin importarnos cómo los crían y cómo los sacrifican para calmar el apetito por calorías que en realidad no necesitamos, mientras creemos que la medicina occidental es la única que sirve, aunque vemos cómo nuestros amigos, vecinos y colegas mueren de paros cardíacos, cáncer y derrames cerebrales… Aunque estemos conectados felizmente a la matrix y no nos importe.

Tránsito

Un tránsito es cuando un planeta pasa frente a una estrella o una constelación. Es como un eclipse en miniatura. Si la Luna pasa frente al Sol, como está tan cerca a nosotros, nos cubre su gran sombra y la llamamos eclipse. Pero si Mercurio pasa frente al Sol, como está tan lejano, lo vemos como si una abeja pasara frente a un gran foco.

Nos damos cuenta de algo… algo que estaba allí y no lo sabíamos.

En nuestra vida necesitamos esos tránsitos. Darnos cuenta de lo que hacemos y de cómo somos parte del problema. Si no depende de ti ¿entonces de quién depende?

Deja de utilizar plástico. Deja de pedir bebidas en vasos desechables. Deja de utilizar pitillos plásticos. Deja de consumir tanta carne y si lo haces, come la carne que sepas de dónde viene. Si puedes hacerte vegetariano, no temas. Si no eres capaz de ser vegetariano, no critiques o molestes a quienes lo son. Háblale de estas cosas a los niños. Entiende lo que significa la protección de los animales y de las selvas. Rompe el cemento del patio de tu casa y aprende permacultura y come lo que produces.

El voluntariado es una gran oportunidad de hacer ese tránsito. De pasar frente al Sol y darte cuenta de tu Madre Tierra. De compartir con personas que están por fuera de tu burbuja segura y divertida en donde todo pasa cuando tiene que pasar y en donde vives aburrido sin saber que estás aburrido y eres un esclavo que piensa que trabaja y que hace algo importante, para que después el sistema de tu país te deseche como a un ordenador viejo que ya no le funciona a nadie y lo dejan en el cuarto de cosas viejas para después vender como chatarra.

Puedes ser un voluntario de muchas maneras. Desde hacer algo por tu vecindario, por tu ciudad, por tu región, sin que nadie te pague nada, hasta ir a compartir con otras culturas con la idea de dar una mano, no la de ser un mesías.

Eres una gota de agua en medio del océano. Un cerillo en medio de un volcán. Eres tan solo una persona en medio de millones y ¿qué importa? Se necesita el grito de uno para animar a los demás a la gran batalla, a la gran avanzada.

Mientras haces aquí matemáticas, en este preciso momento, hay miles de personas en otras latitudes del mundo que han dejado su cultura, su idioma, sus comidas favoritas y sus queridas ciudades, para compartir que gente que ni siquiera se imaginaban que existían. Hay muchos que están salvando elefantes, perros, gatos, delfines, tigres y ranas, abejas y mariposas (¿muy tontos, no?), pero que hacen más que tú, que compraste una mascota por moda, la cual dejas sola en casa y a veces te molesta. En este preciso momento hay muchos que han asumido el ser vegetarianos o veganos y se sienten libres. Cada una de esas personas siente que es solo una en medio de una multitud. Pero de una en una, vamos siendo muchos.

Únete. No se trata de unirte a una organización, fundación, proyecto… es unirse a algo espiritual, humano… es ser VOLUNTARIOS DE LA MADRE TIERRA.

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