La especie invasora es el humano

A pesar de tantas campañas de concientización  para que el homo sapienz contemporáneo entienda que tiene que vivir y convivir en armonía con las demás especies animales y vegetales del planeta, no ha sido fácil que este animal que se precia tanto de exhibir la razón como su principal manera de sobrevivir, entienda que de ello, de la convivencia con el resto de la naturaleza, depende su propia existencia.

Muy especialmente este hecho de comprender la realidad le cuesta justamente a aquellas tribus humanas que se sienten dueñas y señoras de las grandes tecnologías, la vida moderna y el culmen de la civilización. Que habitan en grandes ciudades de cemento y cables, todos interconectados, mientras viven en una vida completamente llena de reglas, condiciones, comodidad absoluta, protección total contra todo y todos, desde las más diminutas bacterias, hasta los más grandes animales de la selva o del desierto.

Estos seres de la sociedad de consumo y las grandes tecnologías viven como si fueran de otro planeta, que hubiesen llegado con trajes espaciales y hubieran construido módulos protectores (¿las ciudades?) para habitar, mientras explotan el planeta y todos sus recursos. Dicha explotación es macabra: el consumo de los recursos del planeta sin conocer nada de la vida salvaje que los genera, la extracción de minerales para mantener su conexión internet sin importar en los daños ambientales causados.

Lo que está por fuera de los cubículos (¿ciudades occidentales?) es salvaje, atrasado, bárbaro, ignorante, oscuro, diabólico. Ellos son los mejores seres humanos y los dueños absolutos de los recursos, los amos de las demás especies animales y los manipuladores legales de la vida vegetal, sin contar con el derecho dado a los minerales.

Esta idea nos lleva a todos a la destrucción. Ya no se trata solo de la extinción de nuestros compañeros o hermanos animales y vegetales de planeta, sino nuestra propia destrucción. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos de cambiar esa realidad macabra y regresar a la naturaleza, nos vemos encerrados en las manos de líderes oscuros que prefieren defender ese estado de las cosas y promover un estilo de vida marcado por esos principios egoístas de uso y abuso del planeta. Esos líderes pueden ser identificados en políticos elegidos por masas ignorantes que prefieren cerrar los ojos a la realidad y votar por los mesías tenebrosos que les dicen que todo está bien y que todos esos problemas como el cambio climático, las hambrunas, la violencia y demás son inventos de sus enemigos políticos o de ideologías como la izquierda o de románticos locos que quieren destruir su estilo de vida. Detrás de dichos políticos obtusos se ocultan otros líderes más secretos, misteriosos y tétricos que son los que en realidad mueven el poder del mundo y de los países: los millonarios, billonarios, trillonarios, los bancos, las multinacionales de todo, los dueños de los pozos petroleros.

Usted puede hacer una campaña para concientizar a la gente de que tenemos que reducir al mínimo el consumo de plástico, el cual nos está ahogando a todos de manera literal. Pero detrás están los productores de plásticos, que es un producto derivado del petroleo, los que pagan millones de dólares para que los políticos y legisladores retarden las prioridades económicas, los cuales manipulan a las masas con cuentos de hadas de que todo está bien.

Cada vez vemos hordas de animales salvajes que ingresan a las áreas urbanas de este tan “racional” especie humana. Los llaman peste, especies invasivas y, como si fueran el enemigo, se establecen estrategias militares para su destrucción. Hay una sola especie animal invasora en el planeta en este momento y es el ser humano, homo sapiens u hombre moderno. Nacido en las llanuras del África oriental, entró sin controles de aduana en Asia hace unos 200 mil años y pronto se esparció por Europa, cruzó las islas hasta Oceanía y el Estrecho de Bering hasta las dos Américas. A su paso a matado más especies de las que haya matado el animal más feroz diferente a él. Desde la megafauna que se sospecha se extinguió a su paso, como el mamut, por ejemplo, hasta centenares de otros animales y plantas destruidas sea por la introducción de otras especies que llevaba consigo, sea por la caza exclusiva de una sola especie sin darle la oportunidad de reproducirse o sea simplemente de causar su extinción por miedo, sin darse la oportunidad de pensar en la convivencia pacífica. Plantearle a un ser humano “moderno” de la sociedad del consumo y las tecnologías que puede convivir con tigres dientes de sable, mamutes, anacondas u osos es algo visto como “irracional”. Lo mejor es su destrucción, es lo que piensan.

Con dolor vemos como tantos animales salvajes ven destruidos sus hábitats a manos de decisiones de políticos y legisladores corruptos e inconscientes que solo piensan en beneficios económicos para sus propios clanes y que permiten que multinacionales destruyan bosques y ecosistemas. Estas especies nativas, en su desespero por sobrevivir, tienen que salir de dichos territorios destruidos por el homo sapiens y sólo por ellos y buscan, paradójicamente, las ciudades humanas, esos cubículos extraterrestres  en donde, al menos por lo pronto, no falta el agua, la comida y el calor. En respuesta, se organizan carnicerías masivas.

Por ejemplo, los cerdos salvajes o jabalíes no son propiamente nativos a las Américas. Estos fueron traídos por los europeos hace 500 años, porque los europeos, una tribu de homo sapiens muy especial que se cree superior al resto de los homo sapiens y de la naturaleza, no pudo ver la fauna y la flora americana como “civilizada”. Entonces se trajeron los animales domésticos que conocían, como el cerdo, la gallina, la res, el caballo, perros y gatos, entre muchos otros. Los cerdos salvajes que recorren hoy Canadá y están entrando a los Estados Unidos, son descendientes de esos primeros cerdos traídos de Europa. Son los homo sapiens los culpables de crear esos desequilibrios naturales. Ahora pretenden matar a los cerdos salvajes, tenidos como peste:

“El Dr. Dale Nolte, gerente del Programa de Porcinos salvajes del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, estimó que el costo anual del daño causado a los cultivos por los cerdos salvajes es de entre 1,5 y 2,5 mil millones de dólares” Nacity, 2019.

Todo se mide por pérdidas para el ser humano, sin darnos cuenta que todos estos desequilibrios son nuestra responsabilidad.

Publicado por Albeiro Rodas

Albeiro Rodas (in Cambodia Sky Ly Samnang), is a MA in Digital Communication, independent journalist and a Salesian of Don Bosco from Amalfi, Colombia, based in Cambodia since 1999. He is the creator of the Don Bosco schools of journalism in Sihanoukville and Kep with young people from poor communities and the founder of the Don Bosco Kep Children Fund. Medal for Social Commitment UPB (2010); among the 100 more upstanding Colombians abroad (Marca Colombia, 2012, http://www.youtube.com/watch?v=X39xwdGtVXI) and among the 12 Colombians that are making this a better world 2013 (http://www.colombia.co/en/culture/colombians-that-are-making-this-a-better-world.html).

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